Libro de los Salmos - Salmos 16 a 30

Paz y tranquilidad para su vida

Salmo 16

1

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

2

Yo digo al Señor: 'Señor, tú eres mi bien, no hay nada superior a ti'.

3

Ellos, en cambio, dicen a los dioses de la tierra: 'Mis príncipes, ustedes son toda mi alegría'.

4

Multiplican sus ídolos y corren tras ellos, pero yo no les ofreceré libaciones de sangre, ni mis labios pronunciarán sus nombres.

5

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte!

6

Me ha tocado un lugar de delicias, estoy contento con mi herencia.

7

Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia!

8

Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré.

9

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro:

10

porque no me entregarás a la Muerteni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.

11

Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.


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Salmo 17

1

Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad.

2

Tú me harás justicia, porque tus ojos ven lo que es recto:

3

si examinas mi corazón y me visitas por las noches, si me pruebas al fuego, no encontrarás malicia en mí. Mi boca no se excedió

4

ante los malos tratos de los hombres; yo obedecí fielmente a tu palabra,

5

y mis pies se mantuvieron firmes en los caminos señalados: ¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas!

6

Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes: inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.

7

Muestra las maravillas de tu gracia, tú que salvas de los agresores a los que buscan refugio a tu derecha.

8

Protégeme como a la pupila de tus ojos; escóndeme a la sombra de tus alas

9

de los malvados que me acosan, del enemigo mortal que me rodea.

10

Se han encerrado en su obstinación, hablan con arrogancia en los labios;

11

sus pasos ya me tienen cercado, se preparan para derribarme por tierra,

12

como un león ávido de presa, como un cachorro agazapado en su guarida.

13

Levántate, Señor, enfréntalo, doblégalo; líbrame de los malvados con tu espada,

14

y con tu mano, Señor, sálvame de los hombres: de los mortales que lo tienen todo en esta vida. Llénales el vientre con tus riquezas; que sus hijos también queden hartos y dejen el resto para los más pequeños.

15

Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu presencia.


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Salmo 18

1

Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

2

Invoqué al Señor, que es digno de alabanza y quedé a salvo de mis enemigos.

3

Las olas de la Muerte me envolvieron, me aterraron los torrentes devastadores,

4

me cercaron los lazos del Abismo, las redes de la Muerte llegaron hasta mí.

5

Pero en mi angustia invoqué al Señor, grité a mi Dios pidiendo auxilio, y él escuchó mi voz desde su Templo, mi grito llegó hasta sus oídos.

6

Entonces tembló y se tambaleó la tierra; vacilaron los fundamentos de las montañas, y se conmovieron a causa de su furor;

7

de su nariz se alzó una humareda, de su boca, un fuego abrasador, y arrojaba carbones encendidos.

8

El Señor inclinó el cielo, y descendió con un espeso nubarrón bajo sus pies;

9

montó en el Querubín y emprendió vuelo, planeando sobre las alas del viento.

10

Se envolvió en un manto de tinieblas; un oscuro aguacero y espesas nubes lo cubrían como un toldo;

11

las nubes se deshicieron en granizo y centellas al fulgor de su presencia.

12

El Señor tronaba desde el cielo, el Altísimo hacía oír su voz;

13

arrojó sus flechas y los dispersó, multiplicó sus rayos y sembró la confusión.

14

Al proferir tus amenazas, Señor, al soplar el vendaval de tu ira, aparecieron los cauces del mar y quedaron a la vista los cimientos.

15

Él tendió su mano desde lo alto y me tomó, me sacó de las aguas caudalosas;

16

me libró de mi enemigo poderoso, de adversarios más fuertes que yo.

17

Ellos me enfrentaron en un día nefasto, pero el Señor fue mi apoyo:

18

me sacó a un lugar espacioso, me libró, porque me ama.

19

El Señor me recompensó por mi justicia, me retribuyó por la inocencia de mis manos:

20

porque seguí fielmente los caminos del Señor, y no me aparté de mi Dios, haciendo el mal;

21

porque tengo presente todas sus decisiones y nunca me alejé de sus preceptos.

22

Tuve ante él una conducta irreprochable y me esforcé por no ofenderlo.

23

El Señor me premió, porque yo era justo y mis manos eran inocentes a sus ojos.

24

Tú eres bondadoso con los buenos y eres íntegro con el hombre intachable;

25

eres sincero con los que son sinceros y te muestras astuto con los falsos.

26

Porque tú salvas al pueblo oprimido y humillas los ojos altaneros;

27

tú eres mi lámpara, Señor: Dios mío, tu iluminas mis tinieblas.

28

Contigo puedo asaltar una muralla; con mi Dios, puedo escalar cualquier muralla.

29

El camino de Dios es perfecto, la promesa del Señor es digna de confianza. El Señor es un escudo para los que se refugian en él,

30

porque ¿quién es Dios fuera del Señor?, ¿y quién es la Roca fuera de nuestro Dios?

31

Él es el Dios que me ciñe de valor y hace intachable mi camino;

32

el que me da la rapidez de un ciervo y me afianza en las alturas;

33

el que adiestra mis manos para la guerra y mis brazos para tender el arco de bronce.

34

Me entregaste tu escudo victorioso y tu mano derecha me sostuvo; me engrandeciste con tu triunfo,

35

me hiciste dar largos pasos, y no se doblaron mis tobillos.

36

Perseguí y alcancé a mis enemigos, no me volví hasta que fueron aniquilados;

37

los derroté y no pudieron rehacerse, quedaron abatidos bajo mis pies.

38

Tú me ceñiste de valor para la lucha, doblegaste ante mí a mis agresores;

39

pusiste en fuga a mis enemigos, y yo exterminé a mis adversarios.

40

Imploraron, pero nadie los salvó; gritaban al Señor, pero no les respondía.

41

Los deshice como polvo barrido por el viento, los pisé como el barro de las calles.

42

Tú me libraste de un ejército incontable y me pusiste al frente de naciones: pueblos extraños son mis vasallos.

43

Gente extranjera me rinde pleitesía; apenas me oyen nombrar, me prestan obediencia.

44

Los extranjeros palidecen ante mí y, temblando, abandonan sus refugios.

45

¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Glorificado sea el Dios de mi salvación,

46

el Dios que venga mis agravios y pone a los pueblos a mis pies!

47

Tú me liberas de mis enemigos, me haces triunfar de mis agresores y me libras del hombre violento.

48

Por eso te alabaré entre las naciones y cantaré, Señor, en honor de tu Nombre.

49

Él concede grandes victorias a su rey y trata con fidelidad a su Ungido, a David y a su descendencia para siempre.


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Salmo 19

1

Del maestro de coro. Salmo de David.

2

El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos;

3

un día transmite al otro este mensaje y las noches se van dando la noticia.

4

Sin hablar, sin pronunciar palabras, sin que se escuche su voz,

5

resuena su eco por toda la tierra y su lenguaje, hasta los confines del mundo. Allí puso una carpa para el sol,

6

y este, igual que un esposo que sale de su alcoba, se alegra como un atleta al recorrer su camino.

7

Él sale de un extremo del cielo, su órbita llega hasta el otro extremo, y no hay nada que escape a su calor.

8

La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple.

9

Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos.

10

La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos.

11

Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal.

12

También a mí me instruyen: observarlos es muy provechoso.

13

Pero ¿quién advierte sus propios errores? Purifícame de las faltas ocultas.

14

Presérvame, además, del orgullo, para que no me domine: entonces seré irreprochable y me veré libre de ese gran pecado.

15

¡Ojalá sean de tu agrado las palabras de mi boca, y lleguen hasta ti mis pensamientos, Señor, mi Roca y mi redentor!


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Salmo 20

1

El Señor te haga triunfar en el momento del peligro, que el nombre del Dios de Jacob sea tu baluarte.

2

Que él te auxilie desde su Santuario y te proteja desde Sión;

3

que se acuerde de todas tus ofrendas y encuentre aceptables tus holocaustos.

4

Que satisfaga todos tus deseos y cumpla todos tus proyectos,

5

para que aclamemos tu victoria y alcemos los estandartes en nombre de nuestro Dios. ¡Que el Señor te conceda todo lo que pides!

6

Ahora sé que el Señor ha dado la victoria a su Ungido, lo ha hecho triunfar desde su santo cielo con las proezas de su mano salvadora.

7

Unos se fían de sus carros y otros de sus caballos, pero nuestra fuerza está en el nombre de nuestro Dios.

8

Ellos tropezaron y cayeron, mientras nosotros nos mantuvimos erguidos y confiados.

9

¡Señor, concede la victoria al rey, escúchanos cuando te invocamos!


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Salmo 21

1

Yahvé, el rey celebra tu fuerza, le colma de alegría tu victoria.

2

Le has concedido el deseo de su corazón, no has rechazado el anhelo de sus labios.

3

Te adelantaste con buenos augurios, coronaste su cabeza de oro fino;

4

vida pidió y se la otorgaste, largo curso de días para siempre.

5

Gran prestigio le da tu victoria, lo rodeas de honor y majestad;

6

lo conviertes en eterna bendición, lo llenas de alegría en tu presencia.

7

Porque el rey confía en Yahvé, por gracia del Altísimo no vacilará.

8

Que tu mano alcance a tus enemigos, que tu diestra alcance a los que te odian.

9

Conviértelos en horno encendido, el día que aparezca tu rostro. Yahvé los tragará en su cólera, el fuego los devorará.

10

Borrarás de la tierra su fruto, su semilla de en medio de los hombres.

11

Aunque intenten hacerte daño, aunque tramen un plan, nada podrán.

12

Que tú les harás retroceder, asestando tu arco contra ellos.

13

¡Levántate, Yahvé, lleno de fuerza, cantaremos, celebraremos tu poder!


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Salmo 22

1

¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? Estás lejos de mi queja, de mis gritos y gemidos.

2

Clamo de día, Dios mío, y no respondes, también de noche, sin ahorrar palabras.

3

¡Pero tú eres el Santo, entronizado en medio de la alabanza de Israel!

4

En ti confiaron nuestros padres, confiaron y tú los liberaste;

5

a ti clamaron y se vieron libres, en ti confiaron sin tener que arrepentirse.

6

Yo en cambio soy gusano, no hombre, soy afrenta del vulgo, asco del pueblo;

7

todos cuantos me ven de mí se mofan, tuercen los labios y menean la cabeza:

8

«Se confió a Yahvé, ¡pues que lo libre, que lo salve si tanto lo quiere!».

9

Fuiste tú quien del vientre me sacó, a salvo me tuviste en los pechos de mi madre;

10

a ti me confiaron al salir del seno, desde el vientre materno tú eres mi Dios.

11

¡No te alejes de mí, que la angustia está cerca, que no hay quien me socorra!

12

Novillos sin cuento me rodean, me acosan los toros de Basán;

13

me amenazan abriendo sus fauces, como león que desgarra y ruge.

14

Como agua me derramo, mis huesos se dislocan, mi corazón, como cera, se funde en mis entrañas.

15

Mi paladar está seco como teja y mi lengua pegada a mi garganta: tú me sumes en el polvo de la muerte.

16

Perros sin cuento me rodean, una banda de malvados me acorrala; mis manos y mis pies vacilan,

17

puedo contar mis huesos. Ellos me miran y remiran,

18

reparten entre sí mi ropa y se echan a suertes mi túnica.

19

Pero tú, Yahvé, no te alejes, corre en mi ayuda, fuerza mía,

20

libra mi vida de la espada, mi persona de las garras de los perros;

21

sálvame de las fauces del león, mi pobre ser de los cuernos del búfalo.

22

Contaré tu fama a mis hermanos, reunido en asamblea te alabaré:

23

Los que estáis por Yahvé, alabadlo, estirpe de Jacob, respetadlo, temedlo, estirpe de Israel.

24

Que no desprecia ni le da asco la desgracia del desgraciado; no le oculta su rostro, le escucha cuando lo invoca».

25

Tú inspiras mi alabanza en plena asamblea, cumpliré mis votos ante sus fieles.

26

Los pobres comerán, hartos quedarán, los que buscan a Yahvé lo alabarán: ¡Viva por siempre vuestro corazón!.

27

Se acordarán, volverán a Yahvé todos los confines de la tierra; se postrarán en su presencia todas las familias de los pueblos.

28

Porque de Yahvé es el reino, es quien gobierna a los pueblos.

29

Ante él se postrarán los que duermen en la tierra, ante él se humillarán los que bajan al polvo. Y para aquel que ya no viva

30

su descendencia le servirá: hablará del Señor a la edad

31

venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Así actuó el Señor.


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Salmo 23

1

Yahvé es mi pastor, nada me falta.

2

En verdes pastos me hace reposar. Me conduce a fuentes tranquilas,

3

allí reparo mis fuerzas. Me guía por cañadas seguras haciendo honor a su nombre.

4

Aunque fuese por valle tenebroso, ningún mal temería, pues tú vienes conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan.

5

Preparas ante mí una mesa, a la vista de mis enemigos; perfumas mi cabeza, mi copa rebosa.

6

Bondad y amor me acompañarán todos los días de mi vida, y habitaré en la casa de Yahvé un sinfín de días.


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Salmo 24

1

De Yahvé es la tierra y cuanto la llena, el orbe y cuantos lo habitan,

2

Porque él la fundó sobre los mares, él la afirmó sobre las corrientes del océano.

3

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado?

4

El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente:

5

él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su salvador.

6

Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. Pausa

7

¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!

8

¿Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor poderoso en los combates.

9

¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria!

10

¿Y quién es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos. Pausa


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Salmo 25

1

Dios mío, yo pongo en ti mi confianza; ¡que no tenga que avergonzarme ni se rían de mí mis enemigos!

2

Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse: se avergonzarán los que traicionan en vano.

3

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos.

4

Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador, y yo espero en ti todo el día.

5

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos.

6

No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad.

7

El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados;

8

él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres.

9

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad, para los que observan los preceptos de su alianza.

10

¡Por el honor de tu Nombre, Señor, perdona mi culpa, aunque es muy grande!

11

¿Hay alguien que teme al Señor? Él le indicará el camino que debe elegir:

12

su alma descansará feliz y su descendencia poseerá la tierra.

13

El Señor da su amistad a los que lo temen y les hace conocer su alianza.

14

Mis ojos están siempre fijos en el Señor, porque él sacará mis pies de la trampa.

15

Mírame, Señor, y ten piedad de mí, porque estoy solo y afligido:

16

alivia las angustias de mi corazón, y sácame de mis tribulaciones.

17

Mira mi aflicción y mis fatigas, y perdona todos mis pecados.

18

Mira qué numerosos son mis enemigos y qué violento es el odio que me tienen.

19

Defiende mi vida y líbrame: que no me avergüence de haber confiado en ti;

20

la integridad y la rectitud me protegen, porque yo espero en ti, Señor.

21

Salva, Dios mío, a Israel de todas sus angustias.


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Salmo 26

1

Examíname, Señor, y pruébame, sondea hasta lo más íntimo de mi ser;

2

porque tu amor está siempre ante mis ojos, y yo camino en tu verdad.

3

No me reúno con la gente falsa ni me doy con los hipócritas;

4

odio la compañía de los malhechores y no me uno a los malvados.

5

Por eso lavo mis manos en señal de inocencia y doy vueltas alrededor de tu altar,

6

proclamando tu alabanza en alta voz y narrando tus maravillas.

7

Yo amo la Casa donde habitas, el lugar donde reside tu gloria.

8

No me incluyas entre los pecadores ni entre los hombres sanguinarios:

9

ellos tienen las manos llenas de infamia, y su derecha está repleta de sobornos.

10

Yo, en cambio, procedo íntegramente: líbrame y concédeme tu gracia.

11

Mis pies están firmes sobre el camino llano, y en la asamblea bendeciré al Señor.


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Salmo 27

1

Cuando se alzaron contra mí los malvados para devorar mi carne, fueron ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropezaron y cayeron.

2

Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no temerá; aunque estalle una guerra contra mí, no perderé la confianza.

3

Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo.

4

Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña en el momento del peligro; me ocultará al amparo de su Carpa y me afirmará sobre una roca.

5

Por eso tengo erguida mi cabeza frente al enemigo que me hostiga; ofreceré en su Carpa sacrificios jubilosos, y cantaré himnos al Señor.

6

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme!

7

Mi corazón sabe que dijiste: 'Busquen mi rostro'. Yo busco tu rostro, Señor,

8

no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor, tú, que eres mi ayuda; no me dejes ni me abandones, mi Dios y mi salvador.

9

Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá.

10

Indícame, Señor, tu camino y guíame por un sendero llano, porque tengo muchos enemigos.

11

No me entregues a la furia de mis adversarios, porque se levantan contra mí testigos falsos, hombres que respiran violencia.

12

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes.

13

Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.


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Salmo 28

1

Yo te invoco, Señor; tú eres mi Roca, no te quedes callado, porque si no me respondes, seré como los que bajan al sepulcro.

2

Oye la voz de mi plegaria, cuando clamo hacia ti, cuando elevo mis manos hacia tu Santuario.

3

No me arrastres con los malvados ni con los que hacen el mal: con los que hablan de paz a su prójimo, mientras su corazón está lleno de maldad.

4

Trátalos conforme a sus acciones, como corresponde a su mala conducta; trátalos según la obra de sus manos, págales su merecido.

5

Ellos no valoran lo que hace el Señor ni la obra de sus manos: por eso él los derribará y no volverá a edificarlos.

6

Bendito sea el Señor, porque oyó la voz de mi plegaria;

7

el Señor es mi fuerza y mi escudo, mi corazón confía en él. Mi corazón se alegra porque recibí su ayuda: por eso le daré gracias con mi canto.

8

El Señor es la fuerza de su pueblo, el baluarte de salvación para su Ungido.

9

Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre.


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Salmo 29

1

¡Aclamen al Señor, hijos de Dios, aclamen la gloria y el poder del Señor!

2

¡Aclamen la gloria del nombre del Señor, adórenlo al manifestarse su santidad!

3

¡La voz del Señor sobre las aguas! El Dios de la gloria hace oír su trueno: el Señor está sobre las aguas torrenciales.

4

¡La voz del Señor es potente, la voz del Señor es majestuosa!

5

La voz del Señor parte los cedros, el Señor parte los cedros del Líbano;

6

hace saltar al Líbano como a un novillo y al Sirión como a un toro salvaje.

7

La voz del Señor lanza llamas de fuego;

8

la voz del Señor hace temblar el desierto, el Señor hace temblar el desierto de Cades.

9

La voz del Señor retuerce las encinas, el Señor arrasa las selvas. En su Templo, todos dicen: '¡Gloria!'

10

El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales, el Señor se sienta en su trono de Rey eterno.

11

El Señor fortalece a su pueblo, él bendice a su pueblo con la paz.


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Salmo 30

1

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.

2

Señor, Dios mío, clamé a ti y tú me sanaste.

3

Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

4

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre,

5

porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.

6

Yo pensaba muy confiado: 'Nada me hará vacilar'.

7

Pero eras tú, Señor, con tu gracia, el que me afirmaba sobre fuertes montañas, y apenas ocultaste tu rostro, quedé conturbado.

8

Entonces te invoqué, Señor, e imploré tu bondad:

9

'¿Qué se ganará con mi muerte o con que yo baje al sepulcro? ¿Acaso el polvo te alabará o proclamará tu fidelidad?

10

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor'.

11

Tú convertiste mi lamento en júbilo, me quitaste el luto y me vestiste de fiesta,

12

para que mi corazón te cante sin cesar. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!


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