Libro de los Salmos - Salmos 91 a 105

Paz y tranquilidad para su vida

Salmo 91

1

Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso,

2

di al Señor: 'Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío'.

3

Él te librará de la red del cazador y de la peste perniciosa;

4

te cubrirá con sus plumas, y hallarás un refugio bajo sus alas.

5

No temerás los terrores de la noche, ni la flecha que vuela de día,

6

ni la peste que acecha en las tinieblas, ni la plaga que devasta a pleno sol.

7

Aunque caigan mil a tu izquierda y diez mil a tu derecha, tú no serás alcanzado:

8

su brazo es escudo y coraza.

9

Con sólo dirigir una mirada, verás el castigo de los malos,

10

porque hiciste del Señor tu refugio y pusiste como defensa al Altísimo.

11

No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa,

12

porque él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos.

13

Ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra;

14

caminarás sobre leones y víboras, pisotearás cachorros de león y serpientes.

15

'Él se entregó a mí, por eso, yo lo libraré; lo protegeré, porque conoce mi Nombre;

16

me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré;

17

le haré gozar de una larga vida y le haré ver mi salvación'.


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Salmo 92

1

Es bueno dar gracias al Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre;

2

proclamar tu amor de madrugada, y tu fidelidad en las vigilias de la noche,

3

con el arpa de diez cuerdas y la lira, con música de cítara.

4

Tú me alegras, Señor, con tus acciones, cantaré jubiloso por la obra de tus manos.

5

¡Qué grandes son tus obras, Señor, qué profundos tus designios!

6

El hombre insensato no conoce y el necio no entiende estas cosas.

7

Si los impíos crecen como la hierba y florecen los que hacen el mal, es para ser destruidos eternamente:

8

tú, en cambio, eres el Excelso para siempre.

9

Mira, Señor, cómo perecen tus enemigos y se dispersan los que hacen el mal.

10

Pero a mí me das la fuerza de un toro salvaje y me unges con óleo purísimo.

11

Mis ojos han desafiado a mis calumniadores, mis oídos han escuchado la derrota de los malvados.

12

El justo florecerá como la palmera, crecerá como los cedros del Líbano:

13

trasplantado en la Casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios.

14

En la vejez seguirá dando frutos, se mantendrá fresco y frondoso,

15

para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad.


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Salmo 93

1

¡Reina el Señor, revestido de majestad! El Señor se ha revestido, se ha ceñido de poder. El mundo está firmemente establecido: ¡no se moverá jamás!

2

Tu trono está firme desde siempre, tú existes desde la eternidad.

3

Los ríos hacen resonar sus voces, Señor, los ríos hacen resonar su fragor.

4

Pero más fuerte que las aguas impetuosas, más fuerte que el oleaje del mar, es el Señor en las alturas.

5

Tus testimonios, Señor, son dignos de fe, la santidad embellece tu Casa a lo largo de los tiempos.


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Salmo 94

1

¡Dios vengador de las injusticias, Señor, Dios justiciero, manifiéstate!

2

¡Levántate, Juez de la tierra, dales su merecido a los soberbios!

3

¿Hasta cuándo triunfarán, Señor, hasta cuándo triunfarán los malvados?

4

¿Hasta cuándo hablarán con arrogancia y se jactarán los malhechores?

5

Ellos pisotean a tu pueblo, Señor, y oprimen a tu herencia;

6

matan a la viuda y al extranjero, asesinan a los huérfanos;

7

y exclaman: 'El Señor no lo ve, no se da cuenta el Dios de Jacob'.

8

¡Entiendan, los más necios del pueblo! y ustedes, insensatos, ¿cuándo recapacitarán?

9

El que hizo el oído, ¿no va a escuchar? El que formó los ojos, ¿será incapaz de ver?

10

¿Dejará de castigar el que educa a las naciones y da a los hombres el conocimiento?

11

¡El Señor conoce los planes de los hombres y sabe muy bien que son vanos!

12

Feliz el que es educado por ti, Señor, aquel a quien instruyes con tu ley,

13

para darle un descanso después de la adversidad, mientras se cava una fosa para el malvado.

14

Porque el Señor no abandona a su pueblo ni deja desamparada a su herencia:

15

la justicia volverá a los tribunales y los rectos de corazón la seguirán.

16

¿Quién se pondrá a mi favor contra los impíos? ¿Quién estará a mi lado contra los malhechores?

17

Si el Señor no me hubiera ayudado, ya estaría habitando en la región del silencio.

18

Cuando pienso que voy a resbalar, tu misericordia, Señor, me sostiene;

19

cuando estoy cargado de preocupaciones, tus consuelos me llenan de alegría.

20

¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo, que comete injusticias en nombre de la ley?

21

Ellos atentan contra la vida de los justos y condenan a muerte al inocente.

22

Pero el Señor es mi fortaleza, mi Dios es la Roca en que me refugio:

23

él les devolverá su misma iniquidad y los destruirá por su malicia. ¡El Señor, nuestro Dios, los destruirá!


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Salmo 95

1

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!

2

¡Lleguemos hasta él dándole gracias, aclamemos con música al Señor!

3

Porque el Señor es un Dios grande, el soberano de todos los dioses:

4

en su mano están los abismos de la tierra, y son suyas las cumbres de las montañas;

5

suyo es el mar, porque él lo hizo, y la tierra firme, que formaron sus manos.

6

¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

7

Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que él apacienta, las ovejas conducidas por su mano.

8

'No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto,

9

cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras.

10

Cuarenta años me disgustó esa generación, hasta que dije: 'Es un pueblo de corazón extraviado, que no conoce mis caminos'.

11

Por eso juré en mi indignación: 'Jamás entrarán en mi Reposo'.


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Salmo 96

1

Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra;

2

canten al Señor, bendigan su Nombre, día tras día, proclamen su victoria.

3

Anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos.

4

Porque el Señor es grande y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses.

5

Los dioses de los pueblos no son más que apariencia, pero el Señor hizo el cielo;

6

en su presencia hay esplendor y majestad, en su Santuario, poder y hermosura.

7

Aclamen al Señor, familias de los pueblos, aclamen la gloria y el poder del Señor;

8

aclamen la gloria del nombre del Señor. Entren en sus atrios trayendo una ofrenda,

9

adoren al Señor al manifestarse su santidad: ¡que toda la tierra tiemble ante él!

10

Digan entre las naciones: '¡El Señor reina! El mundo está firme y no vacilará. El Señor juzgará a los pueblos con rectitud'.

11

Alégrese el cielo y exulte la tierra, resuene el mar y todo lo que hay en él;

12

regocíjese el campo con todos sus frutos, griten de gozo los árboles del bosque.

13

Griten de gozo delante del Señor, porque él viene a gobernar la tierra: él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.


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Salmo 97

1

¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables.

2

Nubes y Tinieblas lo rodean, la Justicia y el Derecho son la base de su trono.

3

Un fuego avanza ante él y abrasa a los enemigos a su paso;

4

sus relámpagos iluminan el mundo; al verlo, la tierra se estremece.

5

Las montañas se derriten como cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.

6

Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria.

7

Se avergüenzan los que sirven a los ídolos, los que se glorían en dioses falsos; todos los dioses se postran ante él.

8

Sión escucha y se llena de alegría, se regocijan las ciudades de Judá, a causa de tus juicios, Señor.

9

Porque tú, Señor, eres el Altísimo: estás por encima de toda la tierra, mucho más alto que todos los dioses.

10

Tú amas, Señor, a los que odian el mal, proteges la vida de tus fieles y los libras del poder de los malvados.

11

Nace la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón.

12

Alégrense, justos, en el Señor y alaben su santo Nombre.


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Salmo 98

1

Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria.

2

El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones:

3

se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios.

4

Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos.

5

Canten al Señor con el arpa y al son de instrumentos musicales;

6

con clarines y sonidos de trompeta aclamen al Señor, que es Rey.

7

Resuene el mar y todo lo que hay en él, el mundo y todos sus habitantes;

8

aplaudan las corrientes del océano, griten de gozo las montañas al unísono.

9

Griten de gozo delante del Señor, porque él viene a gobernar la tierra: él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.


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Salmo 99

1

¡El Señor reina! Tiemblan los pueblos. Él tiene su trono sobre los querubines: la tierra vacila.

2

¡Grande es el Señor en Sión!

3

Él se alza sobre todas las naciones. Alaben tu Nombre grande y temible. ¡Santo es el Señor!

4

Tú eres el rey poderoso que ama la justicia, tú has establecido lo que es recto, tú ejerces sobre Jacob el derecho y la justicia.

5

Glorifiquen al Señor, nuestro Dios, adórenlo ante el estrado de sus pies. ¡Santo es el Señor!

6

Moisés y Aarón, entre sus sacerdotes, y Samuel, entre los que invocaban su Nombre, clamaban al Señor y él les respondía.

7

Dios les hablaba desde la columna de nube; Éxodo 33, 9 ellos observaban sus mandamientos y los preceptos que les había dado.

8

Señor, nuestro Dios, tú les respondías; tú eras para ellos un Dios indulgente, pero te vengabas de sus malas acciones.

9

Glorifiquen al Señor, nuestro Dios, y adórenlo en su santa Montaña: el Señor, nuestro Dios, es santo.


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Salmo 100

1

Salmo de acción de gracias. Aclame al Señor toda la tierra,

2

sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos jubilosos.

3

Reconozcan que el Señor es Dios: él nos hizo y a él pertenecemos; somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

4

Entren por sus puertas dando gracias, entren en sus atrios con himnos de alabanza, alaben al Señor y bendigan su Nombre.

5

¡Qué bueno es el Señor! Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones.


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Salmo 101

1

De David. Salmo. Celebraré con un canto la bondad y la justicia: a ti, Señor, te cantaré;

2

expondré con sensatez el camino perfecto: ¿cuándo vendrás en mi ayuda? Yo procedo con rectitud de corazón en los asuntos de mi casa;

3

nunca pongo mis ojos en cosas infames. Detesto la conducta de los descarriados y no los cuento entre mis amigos;

4

la gente falsa se aparta de mí y nunca apruebo al malvado.

5

Al que difama en secreto a su prójimo lo hago desaparecer; al de mirada altiva y corazón soberbio no lo puedo soportar.

6

Pongo mis ojos en las personas leales para que estén cerca de mí; el que va por el camino perfecto es mi servidor.

7

No habita dentro de mi casa el hombre traicionero; la gente mentirosa no puede permanecer delante de mi vista.

8

Hago desaparecer día tras día a los malvados del país, para extirpar de la Ciudad del Señor a todos los que hacen el mal.


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Salmo 102

1

Señor, escucha mi oración y llegue a ti mi clamor;

2

no me ocultes tu rostro en el momento del peligro; inclina hacia mí tu oído, respóndeme pronto, cuando te invoco.

3

Porque mis días se disipan como el humo, y mis huesos arden como brasas;

4

mi corazón se seca, marchitado como la hierba, ¡y hasta me olvido de comer mi pan!

5

Los huesos se me pegan a la piel, por la violencia de mis gemidos.

6

Me parezco a una lechuza del desierto, soy como un búho entre las ruinas;

7

estoy desvelado, y me lamento como un pájaro solitario en el tejado;

8

mis enemigos me insultan sin cesar, y enfurecidos, me cubren de imprecaciones.

9

Yo como ceniza en vez de pan y mezclo mi bebida con lágrimas,

10

a causa de tu indignación y tu furor, porque me alzaste en alto y me arrojaste.

11

Mis días son como sombras que se agrandan, y me voy secando como la hierba.

12

Pero tú, Señor, reinas para siempre, y tu Nombre permanece eternamente.

13

Tú te levantarás, te compadecerás de Sión, porque ya es hora de tenerle piedad, ya ha llegado el momento señalado:

14

tus servidores sienten amor por esas piedras y se compadecen de esas ruinas.

15

Las naciones temerán tu Nombre, Señor, y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:

16

cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso en medio de ella;

17

cuando acepte la oración del desvalido y no desprecie su plegaria.

18

Quede esto escrito para el tiempo futuro y un pueblo renovado alabe al Señor:

19

porque él se inclinó desde su alto Santuario y miró a la tierra desde el cielo,

20

para escuchar el lamento de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

21

Los hijos de tus servidores tendrán una morada y su descendencia estará segura ante ti,

22

para proclamar en Sión el nombre del Señor y su alabanza en Jerusalén,

23

cuando se reúnan los pueblos y los reinos, y sirvan todos juntos al Señor.

24

Mis fuerzas se debilitaron por el camino y se abreviaron mis días;

25

pero yo digo: 'Dios mío, no me lleves en la mitad de mi vida, tú que permaneces para siempre'.

26

En tiempos remotos, fundaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos;

27

ellos se acaban, y tú permaneces: se desgastan lo mismo que la ropa, los cambias como a un vestido, y ellos pasan.

28

Tú, en cambio, eres siempre el mismo, y tus años no tienen fin.

29

Los hijos de tus siervos tendrán una morada, y sus descendientes estarán siempre en tu presencia.


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Salmo 103

1

Bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios.

2

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias;

3

rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura;

4

él colma tu vida de bienes, y tu juventud se renueva como el águila.

5

El Señor hace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos;

6

él mostró sus caminos a Moisés y sus proezas al pueblo de Israel.

7

El Señor es bondadoso y compasivo, Santiago 5, 11 lento para enojarse y de gran misericordia;

8

no acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente;

9

no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas.

10

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen;

11

cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados.

12

Como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus fieles;

13

él conoce de qué estamos hechos, sabe muy bien que no somos más que polvo.

14

Los días del hombre son como la hierba: él florece como las flores del campo;

15

las roza el viento, y ya no existen más, ni el sitio donde estaban las verá otra vez.

16

Pero el amor del Señor permanece para siempre, y su justicia llega hasta los hijos y los nietos

17

de los que lo temen y observan su alianza, de los que recuerdan sus preceptos y los cumplen.

18

El Señor puso su trono en el cielo, y su realeza gobierna el universo.

19

¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles, los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes apenas oyen la voz de su palabra!

20

¡Bendigan al Señor, todos sus ejércitos, sus servidores, los que cumplen su voluntad!

21

¡Bendíganlo todas sus obras, en todos los lugares donde ejerce su dominio! ¡Bendice al Señor, alma mía!


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Salmo 104

1

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Estás vestido de esplendor y majestad

2

y te envuelves con un manto de luz. Tú extendiste el cielo como un toldo

3

y construiste tu mansión sobre las aguas. Las nubes te sirven de carruaje y avanzas en alas del viento.

4

Usas como mensajeros a los vientos, y a los relámpagos, como ministros. La tierra y las aguas

5

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos: ¡no se moverá jamás!

6

El océano la cubría como un manto, las aguas tapaban las montañas;

7

pero tú las amenazaste y huyeron, escaparon ante el fragor de tu trueno.

8

Subieron a las montañas, bajaron por los valles, hasta el lugar que les habías señalado:

9

les fijaste un límite que no pasarán, ya no volverán a cubrir la tierra.

10

Haces brotar fuentes en los valles, y corren sus aguas por las quebradas.

11

Allí beben los animales del campo, los asnos salvajes apagan su sed.

12

Las aves del cielo habitan junto a ellas y hacen oír su canto entre las ramas.

13

Desde lo alto riegas las montañas, y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.

14

Haces brotar la hierba para el ganado y las plantas que el hombre cultiva, para sacar de la tierra el pan

15

y el vino que alegra el corazón del hombre, para que él haga brillar su rostro con el aceite y el pan reconforte su corazón.

16

Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que él plantó;

17

allí ponen su nido los pájaros, la cigüeña tiene su casa en los abetos;

18

los altos peñascos son para las cabras, y en las rocas se refugian los erizos.

19

Hiciste la luna para medir el tiempo, señalaste al sol el momento de su ocaso;

20

mandas la oscuridad, y cae la noche: entonces rondan las fieras de la selva

21

y los cachorros rugen por la presa, pidiendo a Dios su alimento.

22

Haces brillar el sol y se retiran, van a echarse en sus guaridas:

23

entonces sale el hombre a trabajar, a cumplir su jornada hasta la tarde.

24

¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡Todo lo hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas!

25

Allí está el mar, grande y dilatado, donde se agitan, en número incontable, animales grandes y pequeños.

26

Por él transitan las naves, y ese Leviatán que tú formaste para jugar con él.

27

Todos esperan de ti que les des la comida a su tiempo:

28

se la das, y ellos la recogen; abres tu mano, y quedan saciados.

29

Si escondes tu rostro, se espantan; si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo.

30

Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra.

31

¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras!

32

Él mira, y la tierra se estremece; toca las montañas, y echan humo.

33

Cantaré al Señor toda mi vida; mientras yo exista, celebraré a mi Dios:

34

que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor.

35

Que los pecadores desaparezcan de la tierra y los malvados ya no existan más. ¡Bendice al Señor, alma mía! ¡Aleluya!


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Salmo 105

1

¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, hagan conocer entre los pueblos sus proezas;

2

canten al Señor con instrumentos musicales, pregonen todas sus maravillas!

3

¡Gloríense en su santo Nombre, alégrense los que buscan al Señor!

4

¡Recurran al Señor y a su poder, busquen constantemente su rostro;

5

recuerden las maravillas que él obró, sus portentos y los juicios de su boca!

6

Descendientes de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido:

7

el Señor es nuestro Dios, en toda la tierra rigen sus decretos.

8

Él se acuerda eternamente de su alianza, de la palabra que dio por mil generaciones,

9

del pacto que selló con Abraham,

10

él lo confirmó como norma para Jacob, como alianza eterna para Israel,

11

cuando dijo: 'Yo te daré la tierra de Canaán, como porción hereditaria de todos ustedes'.

12

Cuando formaban un grupo muy pequeño y eran extranjeros en aquellas regiones;

13

cuando iban de nación en nación y pasaban de un reino a otro pueblo,

14

no toleró que nadie los oprimiera, y castigó a reyes, por amor a ellos:

15

'No toquen a mis ungidos ni maltraten a mis profetas'.

16

Él provocó una gran sequía en el país y agotó todas las provisiones.

17

Pero antes envió a un hombre, a José, que fue vendido como esclavo:

18

le ataron los pies con grillos y el hierro oprimió su garganta,

19

hasta que se cumplió lo que él predijo, y la palabra del Señor lo acreditó.

20

El rey ordenó que lo soltaran, el soberano de pueblos lo puso en libertad;

21

lo nombró señor de su palacio y administrador de todos sus bienes,

22

con pleno poder para instruir a los príncipes y enseñar sabiduría a los ancianos.

23

Entonces Israel entró en Egipto, Jacob residió en la tierra de Cam.

24

El Señor hizo a su pueblo muy fecundo, más fuerte que sus mismos opresores;

25

cambió el corazón de los egipcios, para que sintieran odio por su pueblo y trataran con perfidia a sus servidores.

26

Luego envió a Moisés, su servidor, y a Aarón, que era su elegido;

27

por su intermedio realizó prodigios, hizo portentos en la tierra de Cam:

28

atrajo las tinieblas, y hubo oscuridad, pero ellos rechazaron sus palabras.

29

Transformó sus aguas en sangre e hizo morir a sus peces;

30

el país quedó cubierto de ranas, hasta en los aposentos del rey;

31

dio una orden y vinieron los insectos, los mosquitos invadieron el país.

32

Les mandó granizo en vez de lluvia, y cayeron llamaradas en su tierra;

33

abatió sus higueras y viñedos, y destrozó los árboles en sus campos;

34

dio una orden, y vinieron langostas y pulgones en número incontable,

35

que comieron toda la hierba del campo y devoraron los frutos de la tierra.

36

Hirió de muerte a los primogénitos de aquel país, a las primicias de todo ser viviente;

37

sacó a su pueblo cargado de oro y plata, y nadie desfalleció entre sus tribus:

38

los egipcios se alegraron de su partida, porque los había dominado el terror.

39

Tendió una nube para que los cubriera, y envió un fuego para alumbrarlos de noche;

40

pidieron de comer y les mandó codornices, los sació con pan del cielo;

41

abrió la roca, brotaron las aguas y corrieron como un río por el desierto.

42

Él se acordó de la palabra sagrada, que había dado a Abraham, su servidor,

43

e hizo salir a su pueblo con alegría, a sus elegidos, entre cantos de triunfo;

44

les dio las tierras de los paganos, y ellos heredaron las riquezas de los pueblos,

45

a fin de observar sus mandamientos y cumplir fielmente sus leyes. ¡Aleluya!


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