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Dios mío, escucha mi oración, no seas insensible a mi súplica; |
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atiéndeme y respóndeme. La congoja me llena de inquietud; |
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estoy turbado por los gritos del enemigo, por la opresión de los malvados: porque acumulan infamias contra mí y me hostigan con furor. |
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Mi corazón se estremece dentro de mi pecho, me asaltan los horrores de la muerte, |
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me invaden el temor y el temblor, y el pánico se apodera de mí. |
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¡Quién me diera alas de paloma para volar y descansar! |
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Entonces huiría muy lejos, habitaría en el desierto. Pausa |
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Me apuraría a encontrar un refugio contra el viento arrasador y la borrasca. |
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Confunde sus lenguas, Señor, divídelas, porque no veo más que violencia y discordia en la ciudad, |
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rondando día y noche por sus muros. Dentro de ella hay maldad y opresión, |
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en su interior hay ruindad; la crueldad y el engaño no se apartan de sus plazas. |
| 12 |
Si fuera mi enemigo el que me agravia, podría soportarlo; si mi adversario se alzara contra mí, me ocultaría de él. |
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¡Pero eres tú, un hombre de mi condición, mi amigo y confidente, |
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con quien vivía en dulce intimidad: juntos íbamos entre la multitud a la Casa del Señor! |
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Que la muerte los sorprenda, que bajen vivos al Abismo, porque dentro de sus moradas sólo existe la maldad. |
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Yo, en cambio, invoco al Señor, y él me salvará. |
| 17 |
De tarde, de mañana, al mediodía, gimo y me lamento, pero él escuchará mi clamor. |
| 18 |
Él puso a salvo mi vida; se acercó cuando eran muy numerosos los que estaban contra mí. |
| 19 |
Dios, que reina desde siempre, los oyó y los humilló. Pausa Porque ellos no se corrigen ni temen a Dios; |
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alzan las manos contra sus aliados y violan los pactos. |
| 21 |
Su boca es más blanda que la manteca, pero su corazón desea la guerra; sus palabras son más suaves que el aceite, pero hieren como espadas. |
| 22 |
Confía tu suerte al Señor, y él te sostendrá: nunca permitirá que el justo perezca. |
| 23 |
Y tú, Dios mío, los precipitarás en la fosa más profunda. Los hombres sanguinarios y traidores no llegarán ni a la mitad de sus días. Yo, en cambio, confío en ti, Señor. |