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Te doy gracias, Señor, de todo corazón y proclamaré todas tus maravillas. |
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Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar himnos a tu Nombre, Altísimo. |
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Cuando retrocedían mis enemigos, tropezaron y perecieron delante de ti, |
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porque tú defendiste mi derecho y mi causa, sentándote en el trono como justo Juez. |
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Escarmentaste a las naciones, destruiste a los impíos y borraste sus nombres para siempre; |
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desapareció el enemigo: es una ruina irreparable; arrasaste las ciudades, y se perdió hasta su recuerdo. |
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Pero el Señor reina eternamente y establece su trono para el juicio: |
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él gobierna al mundo con justicia y juzga con rectitud a las naciones. |
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El Señor es un baluarte para el oprimido, un baluarte en los momentos de peligro. |
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¡Confíen en ti los que veneran tu Nombre, porque tú no abandonas a los que te buscan! |
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Canten al Señor, que reina en Sión, proclamen entre los pueblos sus proezas. |
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Porque él pide cuenta de la sangre, se acuerda de los pobres y no olvida su clamor. |
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El Señor se apiadó de mí, contempló mi aflicción; me tomó y me alzó de las puertas de la Muerte, |
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para que pudiera proclamar sus alabanzas y alegrarme por su victoria en las puertas de Sión. |
| 15 |
Los pueblos se han hundido en la fosa que abrieron, su pie quedó atrapado en la red que ocultaron. |
| 16 |
El Señor se dio a conocer, hizo justicia, y el impío se enredó en sus propias obras. Sordina |
| 17 |
Vuelvan al Abismo los malvados, todos los pueblos que se olvidan de Dios. |
| 18 |
Porque el pobre no será olvidado para siempre ni se malogra eternamente la esperanza del humilde. |
| 19 |
¡Levántate, Señor! Que los hombres no se envanezcan, y las naciones sean juzgadas en tu presencia. |
| 20 |
Infúndeles pánico, Señor, para que aprendan que no son más que hombres. Pausa |