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Canto. Salmo de los hijos de Coré. Del maestro de coro. Para la enfermedad. Para la aflicción. Poema de Hemán, el Aborigen. |
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¡Señor, mi Dios y mi salvador, día y noche estoy clamando ante ti: |
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que mi plegaria llegue a tu presencia; inclina tu oído a mi clamor! |
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Porque estoy saturado de infortunios, y mi vida está al borde del Abismo; |
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me cuento entre los que bajaron a la tumba, y soy como un hombre sin fuerzas. |
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Yo tengo mi lecho entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, como aquellos en los que tú ya ni piensas, porque fueron arrancados de tu mano. |
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Me has puesto en lo más hondo de la fosa, en las regiones oscuras y profundas; |
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tu indignación pesa sobre mí, y me estás ahogando con tu oleaje. Pausa |
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Apartaste de mí a mis conocidos, me hiciste despreciable a sus ojos; estoy prisionero, sin poder salir, |
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y mis ojos se debilitan por la aflicción. Yo te invoco, Señor, todo el día, con las manos tendidas hacia ti. |
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¿Acaso haces prodigios por los muertos, o se alzan los difuntos para darte gracias? Pausa |
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¿Se proclama tu amor en el sepulcro, o tu fidelidad en el reino de la muerte? |
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¿Se anuncian tus maravillas en las tinieblas, o tu justicia en la tierra del olvido? |
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Yo invoco tu ayuda, Señor, desde temprano te llega mi plegaria: |
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¿Por qué me rechazas, Señor? ¿Por qué me ocultas tu rostro? |
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Estoy afligido y enfermo desde niño, extenuado bajo el peso de tus desgracias; |
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tus enojos pasaron sobre mí, me consumieron tus terribles aflicciones. |
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Me rodean todo el día como una correntada, me envuelven todos a la vez. |
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Tú me separaste de mis parientes y amigos, y las tinieblas son mis confidentes. |