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Acuérdate del pueblo que adquiriste en otro tiempo, de la tribu que rescataste para convertirla en tu herencia; acuérdate de Sión, donde pusiste tu Morada. |
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Vuelve tus pasos hacia esta ruina completa: todo lo destruyó el enemigo en el Santuario. |
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Rugieron tus adversarios en el lugar de tu asamblea, pusieron como señales sus propios estandartes. |
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Alzaron sus hachas como en la espesura de la selva; |
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destrozaron de un golpe todos los adornos, los deshicieron con martillos y machetes; |
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prendieron fuego a tu Santuario, profanaron, hasta arrasarla, la Morada de tu Nombre. |
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Habían pensado: "Acabemos con ellos, quememos todos los templos de Dios en el país". |
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Ya no vemos señales ni quedan profetas: no hay nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo. |
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¿Hasta cuándo, Señor, te insultará el enemigo? ¿Nunca cesará el adversario de despreciar tu Nombre? |
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¿Por qué retiras tu mano, Señor, y la mantienes oculta en el pecho? |
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Pero tú, Señor, eres mi Rey desde el principio, tú lograste victorias en medio de la tierra: |
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deshiciste el Mar con tu poder y quebraste las cabezas del dragón marino; |
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aplastaste las cabezas de Leviatán y lo diste como alimento a las fieras del desierto. |
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Hiciste brotar manantiales y torrentes, secaste los ríos caudalosos; |
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tuyo es el día, tuya también la noche, tú afirmaste la luna y el sol; |
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fijaste las fronteras de la tierra, formaste el verano y el invierno. |
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Recuerda, Señor, que el enemigo te ha ultrajado, un pueblo insensato ha despreciado tu Nombre: |
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no entregues a los buitres la vida de tu Paloma ni te olvides para siempre de los pobres. |
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Ten presente tu alianza, porque todos los rincones del país están repletos de violencia. |
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Que el débil no retroceda lleno de confusión, que el pobre y el oprimido alaben tu Nombre. |
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Levántate, Señor, defiende tu causa, recuerda que el insensato te ultraja sin cesar. |
| 22 |
No olvides los gritos de tus adversarios, porque crece el tumulto de los que se alzan contra ti. |